«La vocación de San Mateo», de Caravaggio
· Intramuros ·
Michelangelo Merisi da Caravaggio
«La vocación de San Mateo», 1599
Óleo sobre lienzo (322 × 340 cm)
San Luis de los Franceses, Roma

La vocazione di san Matteo forma parte del ciclo sobre la vida del santo que Caravaggio (1571-1610) realizó a partir de 1599 para la capilla Contarelli de la iglesia romana de San Luis de los Franceses siguiendo las instrucciones del cardenal Matteu Contreil. La decoración de la capilla consagrada al santo patrón de este cardenal fue iniciada por D’Arpino, que por algo era uno de los pintores más afamados en la Roma de finales del siglo XVI y principios del XVII. Sin embargo, este artista debía atender otros importantes trabajos, por lo que Francesco del Monte intercedió para que fuera Caravaggio el responsable de llevar a cabo los deseos del cardenal. De este modo, el pintor de Milán recibió su primer gran encargo financiado por la Iglesia.
La disposición final de los lienzos realizados por Caravaggio supuso que La vocación quedara a la izquierda, mientras que El martirio de San Mateo está a la derecha y, entre ambos, La inspiración de San Mateo, tríptico o trilogía que supuso un importante cambio en el manierismo practicante y que elevaron a su autor a una categoría artística que hasta entonces no tenía, pues no en vano era la primera vez que el realismo quedaba patente en una pintura religiosa.
Caravaggio parte para esta pintura del episodio evangélico en el que Jesús animó a un recaudador de impuestos llamado Mateo a que le siguiera. Así, Cristo, a la derecha, detrás de san Pedro, entra en una casa de cambio y señala al recaudador con su mano derecha, justo debajo del haz de luz que ilumina a los hombres sentados alrededor de una mesa. La iluminación quiere que el protagonismo recaiga sobre el hombre de barba que está en el centro, pero son sus expresivos gestos los que le convierten en el centro de la atención.
Al mismo tiempo, un muchacho tocado con sombrero parece buscar protección en este hombre mayor, como si presintiera algo extraordinario, mientras que un joven con espada al cinto se gira sorprendido ante la irrupción de Jesús. Y como destino final del brazo de Cristo, el recaudador, futuro apóstol, permanece atento al recuento de monedas.
La ejecución del lienzo en dos planos, dejando la ventana en el superior y los personajes en el inferior, incrementa la atención en estos últimos, especialmente en los de la izquierda, todos ellos con indumentaria de la época en la que fue realizado.
Desde las gafas del personaje de la izquierda a la espada del joven que está girado, todos los detalles de este lienzo se inscriben en un nuevo sentido realista de la pintura religiosa que se hizo dueño de este género pictórico desde los comienzos del siglo XVII. El brazo derecho de Jesús apunta a Mateo del mismo modo que el de Dios apunta a Adán en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, una línea de continuación entre lo divino y lo humano que Caravaggio quiso aplicar a la llamada de Cristo.

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