Llegaste una noche en que los mares ardían · Fotografía: Juan Muñiz
· Crónicas del Dniéper, 11 ·
Fran Vega
Llegaste una noche en que los mares ardían
Fotografía: Juan Muñiz

Llegaste una noche en que los mares ardían sin que hubiera en los bosques algo más que silencio.
No había entonces hogueras que mostraran tu alma ni fuego que cubriera lo que aún no existía, no había llamas que arrasaran la estepa y ocultaran las huellas hasta que tú despertaras.
¿Viste esa noche un jinete de plata, caballero de capa y montura dorada, para correr junto a él hasta las cimas lejanas?
Dime, chiquillo, si en ese instante preciso de tus únicas lágrimas escuchaste en voz baja lo que tanto anhelabas, ven y navega conmigo, galopa, resiste y cabalga.

Crónica anterior
«El mar estaba tan lejos que ni siquiera sabías su nombre»
Crónica siguiente
«Volvías cansado tras las horas de estrellas»

© Texto: Fran Vega, 2013
© Fotografía: Juan Muñiz, 2013

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